Por María Fernanda Penilla
Hace varios días se dio la polémica por el nombramiento del Ministro de Igualdad, Juan Carlos Florián Silva, y no precisamente por su orientación sexual o su pasado ejerciendo la prostitución, sino por violar su nombramiento la ley de cuotas, la cual obliga a que las entidades públicas en Colombia, de todos los órdenes, nacional, departamental, municipal o distrital, tengan en sus cargos directivos o con poder de decisión, el 50% ocupados por mujeres, según la última reforma y reglamentación (Leyes 581 de 2000, 2424 de 2024 y Decreto 0859 de 2025). Esta ley no es un capricho, ni nueva, es el resultado de una lucha de las mujeres por cerrar una de las tantas brechas, desigualdades e inequidades a las cuales nos vemos sometidas diariamente.
Es que el gobierno Petro se ha caracterizado entre otros, por hacer o anunciar nombramientos polémicos. No podemos olvidar a Irene Vélez, a Laura Sarabia, Alfredo Saade, Armando Benedetti, a la misma Francia Márquez, Juliana Guerrero y ahora Florián Silva. Y no hablaré en esta oportunidad de los Ministros y Directores de Departamento que han durado poco en sus carteras o de los que peores resultados han tenido, no, prefiero centrarme sólo en el cumplimiento de los requisitos para acceder a los cargos, como complemento a una columna que hice de hace dos semanas.
Inicialmente el inconveniente del nombramiento de Florián era que se violaba la ley de cuotas como lo manifesté arriba, tanto es así que, la jurisdicción contencioso administrativa decidió suspender provisionalmente el nombramiento como una medida cautelar, mientras toma la decisión de fondo sobre la nulidad o no del decreto presidencial de nombramiento, dada la violación evidente de la norma sobre la participación de la mujer en los cargos superiores. Una vez llega la orden de suspender provisionalmente el acto de nombramiento, Florián presenta su renuncia, el presidente nombra en propiedad a Angie Lizeth Rodríguez Fajardo en el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República – DAPRE logrando así cumplir lo exigido por la ley de cuotas y vuelve a nombrar a Florián en el Ministerio.
A mí me queda la duda de si el Ministro tenía claro desde el principio que su nombramiento era ilegal, porque recuerdo que la noticia recién se posesionó y lo que más decía en sus entrevistas, era que él pedía le llamaran “Ministra”. Que lo llamen Ministra cuando en sus documentos oficiales y de posesión aparece como “Masculino” dado que tiene la “M” señalada, no le quita el sexo biológico. Su identidad sexual se respeta, su orientación sexual igualmente, pero con una simple orden al personal a su cargo no puede pretender cumplir con una exigencia legal, esto es, ser mujer como sexo biológico, porque así está concebida la norma de igualdad de cuotas.
Ahora, una vez vuelto a nombrar y posesionado, el Ministro parece no ser su prioridad sacar adelante un Ministerio creado para hacer un cambio en Colombia, un cambio prometido y necesario, un cambio que busca proteger y dar nuevas oportunidades a las personas en condición de vulnerabilidad, que en Colombia son por millones las personas discriminadas, maltratas y segregadas, por el color de su piel, por su orientación sexual, por su identidad de género, por su edad, por su condición socio económica, entre muchas otras. Porque de sus primeros actos como Ministro es dar un discurso gritando a voces, burlona y sarcásticaente por cierto, que cuando marcó la M en los documentos legales, era una M no por Masculino, sino M de Marica.
Mal, muy mal por el Ministro, porque marica es un término despectivo para referirse a una persona afeminada, que se parece a las mujeres. Han sido años de lucha, dolor, discriminación, de esconderse, negarse para ser aceptados o evitar el conflicto, para poder hoy en día tener denominaciones respetuosas como gay u homosexual. Poco a poco, la población diversa ha logrado ir incluyendo en la sociedad términos como lesbiana, transexual, bisexual, intersexuales, queer, asexuales, demisexuales, pansexuales. No podemos aceptar que la cabeza visible de la inclusión y la diversidad en Colombia, se burle de esa manera de los logros que se han obtenido después de décadas de lucha, tratando de ocupar un lugar dado a las mujeres cuando no lo es, o mofándose de los términos para reconocer la diferencia y la diversidad.
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María Fernanda Penilla