Por María Fernanda Penilla
Recientemente hemos visto cómo se han recrudecido los ataques del Congresista Duvalier Sánchez a la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro Torres, donde aquel cita a la gobernadora al Congreso, publica trinos y videos donde no sólo expresa su opinión y reclama sobre hechos de trascendencia en el Valle del Cauca, sino que además, usa expresiones como que debería estar en la cárcel, o usa etiqueta como #hayunlugarenelinfiernoparaella, o que ´ha habido 12 años de corrupción en el Valle del Cauca´, o ´en este anime no te ves tan villana´. Como consecuencia de esto, ha traído que ella acuse a Sánchez de ejercer violencia política contra la mujer, a lo cual el representante a la cámara responde que se trata sólo de control político.
Bueno, pues para mi, ni lo uno ni lo otro. No es control político usar adjetivos agresivos, señalar la comisión de delitos o actos ilícitos cuando no hay un fallo administrativo o judicial en firme al respecto. Olvida el congresista que el presidente, los gobernadores y los alcaldes no pueden ser citados a las corporaciones públicas, que el control político sobre ellos se hace citando a rendir cuentas a los miembros de sus gabinetes. Aplaudo por supuesto, que Duvalier exponga a la ciudadanía los hechos y omisiones que él considere perjudiciales para los vallecaucanos y sus recursos públicos, que pida rendición de cuentas, que nos cuente lo que encuentra en las investigaciones realizadas por él, sus aliados y su unidad de talento legislativo, porque para eso fue elegido; pero también es importante pedirle que no se quede ahí, no sólo vale exponerlo públicamente lo que considera no es legal o es irregular, debe interponer las denuncias que correspondan ante las autoridades, esto es, ante los órganos de control fiscal, la procuraduría o la fiscalía.
Por otro lado, no es violencia de género en la política porque esta se ejerce con el fin de impedir que una mujer acceda a la política o para que no permanezca en ella, para impedirle acceder a espacios de liderazgo, representación y decisión política, y en este caso es fácil entender que la gobernadora del Valle del Cauca ha estado por muchos años en cargos de poder a nivel regional y nacional, y seguro, atendiendo su poder político permanecerá en ellos, por tanto, los ataques ya referidos no le han impedido estar en el poder político del país.
Ahora, lo que sí es evidente es que el representante a la cámara, bajo la excusa de hacer control político, usa, en el caso de Toro Torres, prácticas que se han vuelto cotidianas de poner adjetivos, de señalar, de condenar sin condena, minando el nombre de la gobernadora, porque no se puede olvidar que, por ejemplo en el caso de la etiqueta que mencionaba que había un lugar en el infierno para ella cuando tuvo una medida de aseguramiento en 2012, ella ha sido declarada inocente por la justicia en ese caso y en otros.
Y es que esta mala costumbre, de usar las redes para señalar y maltratar es generalizada, empieza desde el presidente Petro y pasa por gobernantes, miembros de los gobiernos actuales, de la oposición, de precandidatos. La violencia que se vive en las redes en el mundo de lo público es absurda, se puede encontrar violencia psicológica, violencia simbólica, violencia digital, que por cierto está a punto de ser ley su regulación y sanción. Y ni qué hablar de la violencia de los usuarios de las redes sociales. Si desde las autoridades y gobernantes no desescalan la violencia en sus trinos, videos, y mensajes en general en redes sociales, difícilmente la agresividad de la ciudadanía mermará; lo que vemos en las calles es un reflejo y consecuencia de lo que se ve y lee en las redes.
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María Fernanda Penilla