Por María Fernanda Penilla
El Día del Hombre suele pasar desapercibido. No tiene la misma fuerza simbólica ni la misma carga histórica que la conmemoración del día de la mujer. Y tal vez eso mismo nos invita a mirarlo desde otro lugar, no como una fecha de reivindicación, sino como una oportunidad para reconocer, agradecer y reflexionar.
Ser hombre en la sociedad también implica responsabilidades profundas. Son muchos los hombres que, desde lo cotidiano, sostienen familias, acompañan procesos, educan con ejemplo y aportan al bienestar colectivo. Padres presentes, hijos responsables, compañeros respetuosos, líderes íntegros. Hombres que construyen, que cuidan, que escuchan. Hombres que entienden que la fortaleza no está en imponerse, sino en aportar. Reconocer esto no significa desconocer los cambios que la sociedad ha venido atravesando, ni las discusiones necesarias sobre igualdad. Por el contrario, implica asumirlas con inteligencia y madurez.
Se debe tener presente que el feminismo, en su esencia, no busca que las mujeres estemos por encima de los hombres, ni que tengamos que igualarlos en todo. Busca algo mucho más básico y, al mismo tiempo, más profundo: que las mujeres podamos ejercer plenamente nuestros derechos y libertades. Que no tengamos que luchar por lo que a muchos hombres les ha sido dado sin cuestionamiento alguno. Que la dignidad no dependa del género. Y en ese camino, el papel de los hombres es fundamental. No se trata de ceder espacios por imposición, sino de comprender que una sociedad más justa se construye en conjunto. Que el respeto no resta, suma. Que acompañar no es perder protagonismo, es ganar humanidad.
Hoy, más que nunca, el mundo necesita hombres capaces de cuestionar los modelos tradicionales que les enseñaron a callar emociones, a competir constantemente o a medir su valor en términos de poder. Hombres que entiendan que ser sensible no es muestra de debilidad, que el respeto es una forma de fuerza e inteligencia y, que la igualdad no amenaza, sino que libera.
El Día del Hombre puede ser entonces una oportunidad distinta: no solo para recibir reconocimiento, sino para asumir un compromiso, el de seguir siendo pilares en la familia, en la sociedad y en la construcción de relaciones más sanas. El de acompañar a las mujeres en su camino hacia la igualdad, no como una concesión, sino como un acto de justicia. Porque al final, no se trata de quién está por encima de quién, se trata de construir juntos un lugar donde todos podamos vivir con dignidad, respeto y libertad.
Y en esa tarea, los hombres no sobran, son, sin duda, indispensables. ¡Feliz día del hombre!
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María Fernanda Penilla