Por María Fernanda Penilla
Sin tener la respuesta cierta, siempre me he preguntado ¿por qué Cali?. Me lo pregunté en el estallido social, siendo secretaria de Bienestar Social, con las explosiones simultaneas en Cali y Jamundí a principio de junio de este año, en el ataque terrorista de la semana pasada a las afueras de la Escuela Militar de Aviación – EMAVI en el barrio la Base, entre otros.
Parece que la ubicación geográfica de Cali aporta bastante para ser foco de muchas cosas, entre ellas, de tanta violencia. Miremos, por un lado, se tiene que Cali es la tercera ciudad de Colombia con mayor recepción de población desplazada del conflicto armado, pues llegan principalmente las personas desplazadas del Pacífico Sur o población indígena del Cauca y Risaralda. Por otro lado, Cali es paso obligado de migrantes del norte que se dirigen hacia el sur del continente y, pesar de estar tan lejos de Venezuela, somos la quinta ciudad de Colombia con el mayor número de migrantes venezolanos. Y debemos reconocer que gran parte de esos migrantes, al conocer de la atención a este grupo poblacional que hace el sector oficial, deciden quedarse. En muchos casos esta decisión de quedarse, va de la mano con una familia que se educa y busca trabajo moviendo nuestra economía, pero también hay una parte importante de migrantes venezolanos que se quedan realizando actividades ilícitas para poder sobrevivir, siendo utilizados por grupos al margen de la ley o explotados laboral y sexualmente.
A estos fenómenos, a pesar de los programas del gobierno local y nacional para la atención efectiva y oportuna a esta población, hay que sumarles la ubicación geográfica que favorece el movimiento y empoderamiento grupos que lideran el narcotráfico en la región. No es un secreto que el Cauca, departamento vecino del Valle del Cauca; Jamundí, municipio colindante de Cali; Buenaventura, a menos de dos horas de Cali, son lugares donde los grupos guerrilleros y por tanto, traficantes de drogas, dominan y tienen poder.
Y como si fuera poco, Cali fue escogida como epicentro del imposible de olvidar y denominado estallido social. Fue aquí donde empezó y se concentraron las principales protestas por las desigualdades sociales que vive el país, porque no se puede hablar en pasado, tenemos que hablarlo en presente, porque las desigualdades siguen y, para mi gusto, mucho más profundas porque ahora se acompañan de una polarización untada de odio, rencor e irrespeto. Si bien en gran parte del país, se sintió el estallido, hay polarización y no se respeta la autoridad, creyendo cada uno que es dueño de la verdad, en Cali este fenómeno – flagelo está más arraigado que en el resto del país.
¿Será Cali la escogida por las profundas brechas sociales y desigualdades? ¿Escogen Cali con fines políticos? ¿Qué o quienes hacen qué Cali, ciudad alegre, cultural, deportiva, que tiene infinidad de cosas buenas, bonitas, agradables, importantes para Colombia y el mundo, sea escogida para la violencia y la tragedia? Porque Cali es salsa, sí, pero no sólo eso. Tenemos campeones mundiales de salsa, la noche caleña es encantadora por su baile y alegría, pero también somos campeones en muchas disciplinas deportivas, Cali y el Valle regalan a Colombia deportistas de talla mundial, tenemos de las mejores gastronomías del continente, centros médicos en los primeros lugares de Suramérica y así, hay una lista larga de aspectos positivos de Cali que hacen que me siga preguntando ¿por qué Cali es centro de la violencia en Colombia?
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María Fernanda Penilla