Por: Daniel Viáfara B.
Colombia, es sin duda una nación de pasiones desbordadas y paradojas eternas. El Hoy nos prepara para un nuevo capítulo de su intrincada historia política. Este 28 de Julio, la atención del país no estará en un debate legislativo o en un nuevo anuncio presidencial, sino en el veredicto de un juicio que ha sido más que un expediente judicial: una herida abierta en el alma de nuestra democracia. Hablamos, del infinito proceso contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez, un pulso judicial que, más allá de la culpabilidad o inocencia de un hombre, definirá el rumbo de una nación acostumbrada a vivir al filo de la navaja.
Este no es un juicio cualquiera. Es la culminación de una saga que se remonta a 2012, cuando el entonces senador denunció a Iván Cepeda por supuesta manipulación de testigos. En un giro digno de un guion de Hollywood, la Corte Suprema no solo archivó la denuncia, sino que abrió una investigación contra el propio Uribe por manipulación de testigos y fraude procesal. Desde entonces, el caso ha sido un torbellino de testimonios, interceptaciones, audios, grabaciones y una confrontación de pruebas que ha mantenido a Colombia en vilo, dividiendo opiniones y poniendo a prueba la credibilidad de un sistema judicial que muchos ven con escepticismo. Ha sido, sin duda, el “juicio del siglo”, un recordatorio constante de que, en este país, la justicia y la política a menudo bailan un tango peligrosamente cercano.
Y es precisamente ahora cuando esa danza llega a su clímax. Este lunes, la política electoral de Colombia se parte en dos. El fallo de la jueza Sandra Liliana Heredia no será una simple lectura de sentencia; será un detonante, un sismo político que redefinirá alianzas, consolidará liderazgos y obligará a cada actor político a mostrar su verdadera cara.
Escenario 1: La Condena y el Renacer del Fénix Uribista
Imaginemos por un momento el escenario de la condena. ¡Boom! La noticia estalla como una granada en el corazón de la polarización. Para muchos, sería la confirmación de que la justicia, por fin, le llegó a uno de los intocables. Un soplo de esperanza para la institucionalidad, un grito de “¡sí se pudo!” contra la impunidad que tanto nos duele.
Pero no se engañen, la política es un animal astuto y resiliente. Si Uribe es condenado, el uribismo no se desinfla; se radicaliza, se victimiza y, con esa habilidad casi mística para convertir la adversidad en combustible, se fortalece. Verán a la derecha unida como nunca, blandiendo la bandera de la “persecución política” y el “martirio” de su líder. Su narrativa será simple y contundente: el fracaso del gobierno Petro es la prueba irrefutable de que el país necesita un cambio de rumbo. Y no cualquier cambio, sino uno liderado por una derecha “más radical pero con sentido social” ¡qué ironía tan deliciosa!. Se tomarán el Congreso y, con esa fuerza renovada, pondrán presidente a punta de mostrar el desastre ajeno. La calle, por supuesto, será su escenario, con manifestaciones que harán temblar el asfalto.
Escenario 2: La Absolución y el Incendio de la Izquierda
Ahora, giremos la moneda. Si Uribe es absuelto, el panorama no es menos explosivo. Para sus seguidores, será la reivindicación, la demostración de su inocencia, el fin de una “cacería de brujas”. La alegría será palpable, las celebraciones estruendosas, una victoria judicial que lavaría el honor de su líder.
Pero la izquierda, ¡ay, la izquierda! No se quedará de brazos cruzados. Se encenderá el país con la teoría de la “justicia social” pisoteada, de los jueces y la justicia colombiana “comprados” por el poder. Verán a los líderes progresistas, con la indignación a flor de piel, llamando a la movilización, a la protesta, a la denuncia de un sistema que, según ellos, solo protege a los poderosos. La polarización, que ya es nuestra sombra, se convertirá en una hoguera incontrolable. Las redes sociales arderán, y la calle será el epicentro de la furia de quienes se sentirán traicionados por un sistema que, una vez más, no les dio la razón.
El Pueblo en el Ojo del Huracán: Un Sismo Político Inevitable
En ambos escenarios, el panorama es terrible para el pueblo que queda en la mitad de todo, atrapado entre las trincheras de una polarización que no da tregua. El país, sin duda, tendrá su sismo político, y la estabilidad, que ya es un bien escaso, se verá aún más comprometida.
En medio de este caos previsible, ¿qué harán los precandidatos de centro y liberales? Figuras como Claudia López o líderes de nuevos movimientos ciudadanos, esos que siempre buscan el “acuerdo nacional” y el diálogo, intentarán capitalizar el hastío con la polarización. Se presentarán como la sensatez en medio de la locura, la opción para unir un país fracturado. Pero el clima de confrontación será tan denso que su mensaje podría perderse en el ruido. La decisión judicial los obligará a definir su postura con una claridad y rapidez que pocos tienen, evitando la ambigüedad a toda costa. No hay espacio para los tibios cuando el país se parte en dos.
Y como si no fuera suficiente, la fragilidad institucional se ha hecho palpable con eventos imprevistos, como el reciente atentado sufrido por el senador y precandidato Miguel Uribe Turbay. Este hecho, que generó un fuerte rechazo de todos los sectores, es un recordatorio brutal de que la violencia sigue acechando. Obligará a los presidenciables a priorizar mensajes de unidad y garantías democráticas, más allá de sus agendas particulares, aunque en el fondo, cada uno buscará cómo capitalizar el miedo y la indignación.
El Veredicto que Nadie Podrá Ignorar
En conclusión, el fallo sobre Álvaro Uribe Vélez no es un simple punto final en un expediente judicial. Es un detonante, un sismo que redistribuirá apoyos, consolidará liderazgos emergentes (sobre todo en la izquierda, si hay condena) y obligará a todos los candidatos a definirse política y éticamente frente a la justicia, la polarización y el futuro de la democracia en Colombia.
Este veredicto nos pondrá a prueba como sociedad. ¿Seremos capaces de procesar el resultado con madurez, o nos dejaremos arrastrar por la espiral de la confrontación? Lo que ocurra mañana no es solo el destino de un expresidente; es el reflejo de lo que somos, de lo que hemos construido, y de lo que estamos dispuestos a soportar. El país tendrá su terremoto. La pregunta es: ¿saldremos de él más fuertes o más fracturados? La historia nos juzgará.
Daniel Viáfara Barona

Comment
Buena columna Dany.
El gobierno Petro ha tenido graves errores, pero siendo honestos, también grandes aciertos. La oposición aprovecha y maximiza los primeros con la complicidad de la prensa y desconoce y oculta los aciertos como estrategia electoral; sinembargo, por algo la favorabilidad del gobierno Petro se acerca ya al 40%.
La política requiere de la honestidad personal de reconocer los logros del contrincante ya que nos favorece a todos, así como de la autocritica al fracasar.
El poder de la política utilizado para construir el bien común y el bienestar general debe ser un fin de consenso, mientras que la premeditada obstrucción de las ideas y el negarse a debatir y construir mejores programas y proyectos deben considerarse como una traición a la Patria.
Nadie por encima de la ley y mayor pena para los empleados y funcionarios públicos.
El País por encima de los partidos.