Por Daniel Viáfara B.
La política en el Valle del Cauca está dejando de ser un club de caballeros que deciden el destino del departamento entre tintos y escritorios en Cali. Hoy, el aire se siente distinto porque hay nombres que no surgen del dedo de un cacique, sino del asfalto y la montaña. En la lista de Cambio Radical a la Cámara, la irrupción de Ana María Sanclemente no es solo un nombre más en el tarjetón; es el síntoma de una ciudadanía que busca liderazgos con menos discurso y más gestión. Sanclemente no llegó a pelear un espacio por cortesía; llegó a reclamarlo tras haberse curtido en una de las oficinas más difíciles del departamento: la Secretaría de Seguridad del Valle. Allí, donde las papas queman y la realidad no admite filtros de campaña, esta mujer demostró que el carácter no se negocia y que la seguridad de los vallecaucanos requiere más que buenas intenciones.
Para el ciudadano que ya se cansó de las promesas de cada cuatro años, lo de Sanclemente es refrescante. No estamos ante la típica candidata de vitrina. Estamos frente a una líder natural que ya sabe lo que es gobernar desde la base, como lo hizo en la Alcaldía de Dagua, y que ha recorrido el Valle no para buscar votos, sino para construir soluciones. Mientras el actual representante, Hernando “el Profe” González, apuesta a la inercia de su curul y a la comodidad de lo establecido, Ana María representa esa fuerza femenina que entiende que el departamento se siente y se padece desde el territorio, no desde una oficina climatizada en Bogotá.
El activo de Sanclemente es, precisamente, esa cercanía real. En los municipios donde el Estado suele ser un mito, ella es una cara conocida. Ha caminado las veredas, ha escuchado a las comunidades y, sobre todo, ha dado resultados en temas que hoy le quitan el sueño a la gente: la convivencia y la paz territorial. Ese nuevo liderazgo que ella encarna es el que hoy pone a pensar a la vieja guardia de Cambio Radical. No es una guerra de “maquinarias” en el sentido tradicional y oscuro; es el choque entre la política que se queda sentada esperando el voto y la política que sale a buscar a la gente con el respaldo de un trabajo visible.
Es cierto, “el Profe” González tiene la ventaja del titular y una estructura que ya ha sido probada en las urnas. Pero las estructuras se oxidan cuando dejan de escuchar. Sanclemente, apoyada por sectores del partido que ven en ella la oportunidad de una verdadera renovación, ha logrado algo que pocos logran en su primer salto a la Cámara: ser percibida como una opción de poder real. Su ventaja no es el apellido ni la herencia; es el compromiso de una mujer que se enfrentó a los problemas de inseguridad del Valle sin que le temblara el pulso, ganándose un respeto que hoy se traduce en apoyo popular.
El escenario para el partido es interesante. Si Cambio Radical logra canalizar esta energía, podría estar peleando una segunda curul que hoy parece posible gracias al empuje de este nuevo aire. Sin embargo, en la lógica del voto preferente, Sanclemente está forzando a González a salir de su zona de confort. No es solo una competencia interna; es un llamado de atención para todo el sistema político vallecaucano. Se puede ser joven, se puede ser mujer y se puede tener una visión técnica sin perder la sensibilidad social.
Hay algo poderoso en ver a una figura que no se amilana ante el status quo. Sanclemente representa a esa generación de líderes que no ven la Cámara de Representantes como un premio de jubilación, sino como una herramienta de transformación. Su recorrido por el departamento no ha sido una pasarela, ha sido un ejercicio de reconocimiento de las heridas del Valle y una propuesta de sanación a través de la gestión eficiente.
¿Logrará esta líder natural romper la inercia y demostrar que el trabajo de campo pesa más que la tradición? Por ahora, Ana María Sanclemente ya ganó la primera batalla: dejar de ser una promesa para convertirse en la realidad que tiene nerviosos a los de siempre. Ella no está pidiendo un espacio; está demostrando, con resultados en la mano, que el Valle merece un cambio que sea, de verdad, radical.
Ante una buena candidata queda la pregunta:
¿Podrá una cara joven, con el sello de la gestión territorial, demostrar que la política en el Valle se puede hacer desde el servicio y no desde el privilegio?
Daniel Viáfara B.
Columnista