Por: María Fernanda Penilla
Esta columna la escribo como abogada, no experta en derecho penal, pero sí con experiencia profesional y docente de más de 25 años. Aquí no se trata de si el expresidente Álvaro Uribe Vélez es inocente o no, esa decisión, en primera instancia, la tomó la jueza Sandra Heredia, y serán las instancias que le siguen a este proceso las que en definitiva nos digan si lo es o no. Por ahora debemos respetar la decisión por ella tomada, porque así como Uribe se presume inocente hasta que la justicia tome una decisión definitiva, esto es, hasta que ya no hayan más instancias y la decisión quede en firme; la decisión de la jueza se presume legal, lo que los abogados llamamos presunción de legalidad.
Es triste como este caso y la sentencia proferida en primera instancia, han recrudecido la polarización en la que nos encontramos hace varios años, la cual va creciendo como bola de nieve, y no veo quién o cómo va a lograr en algún momento pararla o por lo menos mermarla, o tal vez es que no hay interés en hacerlo. Los colombianos de izquierda celebraron la decisión con expresiones como “ya era hora que condenaran a ese paraco”, “qué bueno que pague por la muerte de tantos inocentes que tiene encima”; y los colombianos de derecha manifestaban que, “es el colmo que le hagan esto al mejor presidente que ha tenido este país”, “cómo le pagan así a quien nos devolvió la seguridad en el país y golpeó a la guerrilla que Santos y Petro han premiado”. Los leo y escucho, y no puedo creer tanta ignorancia, de lado y lado. La polarización y odio que nos invade como sociedad no nos deja entender que el proceso penal contra Uribe es por soborno de testigos y fraude procesal. El juicio no es por paramilitarismo, ni por los falsos positivos. Y mucho menos deberá ser elemento a tener en cuenta en un proceso en su contra cómo haya sido su desempeño como presidente o haya luchado contra las guerrillas que tanto daño le han hecho al país. ¡Ni lo uno ni lo otro!
Ahora, después de escuchar la sentencia por más de 7 horas, porque debo confesar que me cansé a media tarde, hubo varias expresiones de la jueza que me molestaron y que me llevan hoy a dejar algunas reflexiones sobre lo sucedido y que, si algún alumno o estudiante de derecho me lee, le sirva como ejemplo de cosas que una autoridad no debe hacer; pero antes debo advertir que un fallo de 1.114 páginas no está mal si es lo que el juez requiere para analizar las pruebas objetivamente y tomar una decisión en derecho. Por ejemplo, usar adjetivos en una decisión administrativa o judicial, no es bien visto, deja entrever subjetividad, la cual debe ser eliminada de cualquier decisión estatal, debiendo ésta estar revestida de total objetividad. No se deben usar frases sarcásticas, ni ponerle adjetivos calificativos a las partes o testigos, ni para alabar, ni para criticar; usarlos como lo hizo la jueza mostró su inclinación personal, que veremos en otras instancias, si influyeron o no en su decisión. De otra parte, se me hizo extraño leer un documento tan extenso en una audiencia que señala que su objetivo es dictar ´el sentido del fallo´, no el fallo mismo. En derecho administrativo, que es mi experticia, en esta audiencia se escuchan las alegaciones de las partes y luego el juez dicta en sentido del fallo, lo cual es sencillo y directo, que tarda solo unos minutos, para que en los diez días siguientes, el juez entregue el fallo escrito. Como no soy penalista, como ya lo manifesté, consulté sobre cómo operaba este asunto en penal a abogados penalistas, de derecha y de izquierda, y todos coincidieron en que usualmente eso no sucede en los procesos penales, donde el juez, al igual que en otras jurisdicciones, lee en sentido del fallo, condena, absuelve o se abstiene, para posteriormente entregar la sentencia escrita.
Tampoco me gustó que hubiera puesto para iniciar, su condición de mujer. Como feminista, no extrema, no vi con buenos ojos que eso fuera un asunto para mencionar y mucho menos como antesala a la lectura de su decisión. Ser mujer no nos hacemos ni más ni menos inteligentes, ni más ni menos capaces, somos seres humanos todos, y si nos hemos formado como abogados, debemos estar todos en condiciones de administrar justicia con objetividad, ciñéndonos a las normas constitucionales y legales que rigen la materia, sin importar la identidad de género.
Con los meses y los años sabremos si la jueza Heredia pasará a la historia por su fallo condenatorio contra un expresidente, o por la forma en que por alrededor de 9 horas leyó alto porcentaje de su sentencia, que contiene 1.114 páginas para finalmente ser revocado en instancias superiores.
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María Fernanda Penilla