Por María Fernanda Penilla
Miguel Uribe Turbay perdió la lucha por su vida tras el atentado sufrido el pasado 7 de junio. Era difícil que sobreviviera pues sus principales heridas eran en la cabeza, pero la fe y la esperanza de la familia, cercanos y colombianos que nos duele el país, sin importar la ideología política, a pesar de la gravedad de su estado, hacían que nos pensáramos el día en que saliera el comunicado de la Clínica Santa Fe diciendo que estaba fuera de peligro e iniciaba su recuperación y rehabilitación.
Toda vida duele, toda vida que se pierde tiene detrás una familia que sufre, que llora la pérdida, y eso debe entenderse y respetarse. Pero parece que no todos así lo entienden. Tras despertarnos con la noticia de la muerte de Uribe Turbay, joven senador colombiano y precandidato presidencial por la derecha del país, personajes del mundo entero reaccionaron, expresando su solidaridad con nuestro país y su preocupación porque aquí se asesine por ideologías e intereses políticos; en una verdadera y sana democracia, todos los pensamientos deben respetarse y cuidarse, pensar diferente jamás puede ser motivo para la violencia y menos para quitarle la vida a alguien.
Duele y preocupa ver mensajes politizados en un momento de dolor para la familia de Miguel y para Colombia y su democracia. Mientras la comunidad internacional lamentó su muerte y rechazó el hecho violento y, personas cercanas al presidente Gustavo Petro madrugaron a expresar su dolor y condolencias por la noticia con la que empezó Colombia, Daniel Quintero, exalcalde de Medellín sancionado por participación en política, precandidato presidencial de la izquierda, trinó: “La narco derecha golpista mató a Miguel Uribe”. No, no y no. No es el momento para enviar mensajes de odio y politizados, menos cuando de ello no se tiene pruebas y la Fiscalía ni siquiera lo tiene entre sus hipótesis de lo sucedido hace dos meses. Qué insensibilidad de alguien que espera dirigir el país y gobernarnos a todos los colombianos. No señor Quintero, así no es. Qué mal que sus asesores no le enseñen prudencia ya que en casa no le enseñaron solidaridad y respeto por el dolor ajeno.
Por su parte, bien por los trinos de la Vicepresidenta Francia Márquez, de los hijos del presidente, Andrea y Nicolás, de la primera dama Verónica Alcocer, de Laura Sarabia, entre otros, que trinaron a primera hora del lunes, con mensajes de solidaridad con la familia y rechazo a la violencia; con la prudencia que se requiere no sólo por lo sucedido, sino por la situación de polarización en el que estamos. En redes muchos celebraron la muerte de Miguel Uribe, se leen trinos que dan tristeza y causan desesperanza. No murió un violador, ni un asesino, ni ningún criminal, murió un político, senador, que creció y padeció la violencia de este país desde la niñez. Debe doler y preocupar hoy su atentado y posterior muerte, como en su momento nos preocupó y dolió lo sucedido con Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado, Rodrigo Lara Bonilla, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro, hombres políticos que en sus carreras hacia la presidencia, desde la izquierda o desde la derecha, han sido asesinados por pensar diferente, por la ambición de poder, por no respetar la diferencia, por no tener argumentos sólidos para ganar unas elecciones, por la cobardía de unos pocos que solo pueden solucionar sus deferencias o lograr sus triunfos a través de la violencia.
De mi parte, como colombiana me duele lo que pasó en el pasado que me tocó vivir con estas y otras tantas muertes que son estocadas contra la democracia, y me duele lo que hoy aún sigue pasando. Deseo resignación y fortaleza para su familia, especialmente para su esposa e hijos, otros hijos de la violencia, pero también espero que Colombia encuentre el camino para encontrar la paz que necesitamos, que encontremos a alguien que logre unirnos, no en pensamiento, sino en respeto, en solidaridad, en escucha, en tolerancia. QEPD Miguel Uribe Turbay.
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María Fernanda Penill