Por: María Fernanda Penilla
Los últimos 7 días no han sido para nada favorables para el presidente Gustavo Petro, sus intervenciones, alocuciones y trinos están llenos de mensajes erráticos, confrontaciones e imprecisiones. Y por supuesto que Petro siempre ha sido un hombre controversial, pero en los últimos días, entrando a su último año de gobierno, se le ha sentido desesperado, molesto y a la defensiva.
Terminando la semana anterior tuvo dos intervenciones públicas. En ellas dejó claro que hará un quinto remezón en su gabinete ministerial, por donde han pasado más de 50 ministros y a falta de un año para terminar su período, no pudo conformar un equipo de gobierno que entendiera su programa, que trabajara unido y con un norte claro. Expuso, además, su cada día más profundas diferencias con la vicepresidenta Francia Márquez. Usó expresiones señalando a las mujeres de su gabinete como conflictivas, lo que, según su expresión, le ocupa gran parte de su tiempo solucionando sus discusiones y diferencias.
En sus intervenciones no sólo habló bastante enredado, más de lo acostumbrado, si no confundió palabras, unas ni las pudo pronunciar, olvidó otras, se notó desorientado. Pero como si eso fuera poco, usó expresiones que parecen con tinte racista, donde a su ministro de igualdad, quien reemplazó a Francia Márquez hace unos pocos meses, le dijo “… a mi nadie que sea negro me va a decir que hay que excluir un actor porno que creó el sindicato de trabajadores sexuales del … (sic)”. Esta frase llenó titulares por varios días seguidos, y con justa razón, porque seguramente en el fondo el presidente no quería excluir la opinión del ministro por ser negro, sino que quería comparar porque siendo el ministro de un grupo de la sociedad excluido por su color de piel, ahora quiere excluir a alguien por su orientación sexual o actividad sexual; pero realmente usó las palabras menos adecuadas para el mensaje que quería mandar, por eso es que es tan importante lo que se dice y cómo se dice, más viniendo del presidente, quien cada día tiene menos tacto, menos prudencia, menos rigor, no sólo en el hablar, sino hasta en el escribir, porque los mensajes en la red social X de estos últimos días están plagados de errores de ortografía y mala digitación, haciéndose ver como una persona descuidada, fuera de sus cabales y hasta desesperada y descontrolada.
Esos hechos, palabra, frases, hicieron que lo de fondo no fuera atendido ni entendido. El presidente hizo duros señalamientos sobre las EPS y el sistema de salud, con cifras que algunos tildan de mentirosas y sin soporte, pero que, con tantos desaciertos en las intervenciones, dieron suficiente insumo para llenar noticieros, redes sociales, medios de comunicación nacionales y extranjeras; lo cual es una lástima, porque si el presidente hablara directo, claro, sin echar tanta puya, sin mostrar tanta rabia, resentimiento y frustración, seguro podría suministrar información de verdadera importancia nacional, que hoy tendría a medios, académicos y expertos estudiando la situación, veracidad de los datos y hasta de buscando algunas salidas. Por ejemplo, en un informe de la Contraloría General de la República, se habla que el gobierno debe al sistema de salud 33 billones de pesos, y el presidente dice que son 100 billones, pero sin soporte alguno, dándole más importancia a echarle la culpa en varias oportunidades, de la crisis, al ex ministro Alejandro Gaviria.
Y el discurso de instalación de sesiones del Congreso el 20 de julio, fue también controversial. Si bien se vio un presidente más calmado, con buena dicción y menos eufórico, si hubo datos que muchas personas expertas hoy controvierten. Esperamos que en los días venideros se logre corroborar o desvirtuar, con soportes y pruebas, las cifras y datos dados en el Congreso por parte del presidente, es información de importancia nacional y además, insumo para que los colombianos vayan pensando en las elecciones 2026.
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María Fernanda Penilla